Natalia es de Argentina y nos envió su historia par compartirla en la sección testimonios. Ella es parte de la serie “mujeres que inspiran mi caminar”.

Estoy suscrita al blog hace un par de meses y me gustaría contarles mi historia.
Mi nombre es Natalia, estoy pronta a cumplir 38 años, soy soltera y vivo sola desde hace dos años en una localidad de Buenos Aires (Argentina) en un departamento de hermosa vista hacia mi ciudad. Trabajo para un hospital estatal, como empleada administrativa, atendiendo al público. Mis ingresos, si bien no son muy grandes, me permiten mantenerme sola, es decir, mi independencia económica también me permite ser independiente en el resto de mi  vida.  Soy estudiante de la carrera Lic. en Trabajo Social. Soy vegetariana y no profeso ninguna religión.

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Amo estar sola en mi casa, leyendo el material de mi carrera o cualquier libro de mi biblioteca, mirando películas, contemplando la ciudad, buscando información o leyendo artículos en Internet; amo estar tirada en la cama sin hacer nada o durmiendo, lo que mi cuerpo y mente necesiten, escuchar música, bailar, hacer yoga, etc. No necesito llenar mi tiempo de actividades sociales ni de personas que hagan ruido y llenen espacios, simplemente, porque no hay carencia que me llevó a tomar la decisión (ya desde hace muchos años) de ser soltera y sin hijos para lo que resta de mi vida; nunca necesité de eso para ser feliz, siempre fui independiente y disfrute de la vida con lo que tuve a la mano y con la gente que, selectivamente, elegí para compartir esos momentos.

Mi familia son mi gata y mis dos perras.
Mis familiares son mi madre y su gato (también viven en Bs.As.), mi hermana, mi sobrina y su perra y mi cuñado (residen actualmente en otra provincia). Mi padre falleció hace un par de años. Hay más familiares, pero al no tener intereses en común, no nos relacionamos.

Tengo pocos, verdaderos, amigos con los que nos vemos de vez en cuando, aunque es difícil coordinar los tiempos de cada uno, así que recurrimos más frecuentemente a los llamados telefónicos .

Mi primer convivencia en pareja fue de los 23 a los 26 años con un muchacho de mi edad, con el cual seguimos en buenas relaciones mucho tiempo hasta que perdimos contacto. Después viví sola, con una vida social muy activa y tuve algunos amoríos por ahí…
Hace un año me separé de mi última pareja, con seis años de convivencia y uno más en casas separadas. Actualmente, somos muy buenos amigos, nos juntamos y nos divertimos mirando películas y conversando acerca de temas sociales.
En mis relaciones de pareja nunca tuve el ideal de los cuentos clásicos que nuestros padres se esmeran en contarnos en nuestra niñez, el de felices por siempre; es decir, estuve en pareja (conviviendo o no) el tiempo que consideré sano para mi salud, a veces disfrutando, otras no tanto, como en casi toda relación occidental de pareja. Nunca tuve el deseo o la necesidad de casarme y/o de tener hijos; al contrario siempre me gusto moverme sola, nunca fui de las que andan con “la pareja a cuestas” de acá para allá en eventos sociales o familiares (de los cuáles tampoco soy muy frecuentadora). Tratar de “encajar” o “pertenecer” no es lo mío.  

Críticas y agresiones al respecto, he recibido miles, pero no me afectan ni me importan.

sociedad-atrasada-socio-culturaMis padres siempre me expresaron su orgullo por haberlos superado a ellos con mi independencia o por mi confianza en mi misma, por la ausencia de materialismo codicioso en mis objetivos, por la manera en que encontraba solución a los problemas o me levantaba de “mis derrotas” para tomar impulso y seguir buscando aquello que me hiciera feliz… y siempre lo encontré, hoy más que nunca, hasta el momento.

Ojo! También he pasado por épocas de dependencia emocional y de dependencia económica, pero sólo fueron periodos que me ayudaron a madurar más, a pensar, a definir y encarar hacía donde quería ir o, al menos, que era lo que no quería para mi vida.
No todo es siempre estable, pero esas etapas de crisis son el puntapié inicial para reflexionar y aprender a dejar atrás lo que no nos sirve para asumir nuevas responsabilidades y nuevos retos que volverán a dar una nueva etapa de esplendor, y así cíclicamente.

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Lo importante es poder llegar a la vejez lúcidas, con buena salud psicofísica, haber aprendido a ser sabias e independientes y haber sido SIEMPRE un ejemplo y un modelo para los más jóvenes. Observen a las personas a su alrededor ¿cuántas de ellas realmente pueden ser un ejemplo sano para los jóvenes?

Queridas mías, se puede ser lo que uno quiere ser, pero tengan en cuenta que el mayor COMPROMISO es con una misma; hay que sentir PASION por lo que hacemos; somos individuos con derechos y obligaciones a realizarnos como tal, por lo que no es necesario ni recomendable depender emocional o económicamente de otra/s persona/s para REALIZARSE como persona, como mujer.

El mayor y mejor APOYO del mundo te lo puedes ofrecer tu misma; la única persona que va a estar contigo toda la vida, en las buenas y en las malas épocas SERAS TU MISMA…y de paso no cargamos de esa responsabilidad al entorno familiar o de amigos, que muchas veces es movilizado más por la propia presión interna de la moral, de los valores religiosos o del compromiso legal que por el legítimo apoyo afectivo.

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La clave es respetarse a uno mismo primero, para saber cómo respetar a los demás. 

Egoísmo no es pensar en lo que uno quiere, actuar con coherencia para lograrlo y elegir (seleccionar) con quién compartirlo; egoísmo es aferrarse a los demás o traer al mundo niños sólo para no enfrentarse a ambas caras de uno mismo, tratar de llenar espacios, buscar la “completitud” con lo de afuera, teniendo todo el material en el interior. Sólo hay que ser lo suficientemente inteligente y voluntariosa para aprender cómo usarlo.

Espero les sirva mi relato y mi perspectiva.
Suerte y felicidad en sus vidas. Un afectuoso saludo,Natalia

Natalia Lausecker es una Mujer Sin Hijos.

Revisa nuestra galería en Pinterest de Mujeres Sin Hijos a través de la historia.

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