madre-teresaMujeres que inspiran mi caminar. Agnes Gonxha Bojaxhiu nació en el seno de una familia católica albanesa, la profunda religiosidad de su madre despertó en ella la vocación de misionera a los doce años. Siendo aún una niña ingresó en la Congregación Mariana de las Hijas de María, donde inició su actividad de asistencia a los necesitados.

A los dieciocho años abandonó para siempre su ciudad natal y viajó hasta Dublín para profesar en la Congregación de Nuestra Señora de Loreto. Como quería ser misionera en la India, embarcó hacia Bengala, donde cursó estudios de magisterio y eligió el nombre de Teresa para profesar. Apenas hechos los votos pasó a Calcuta, la ciudad con la que habría de identificar su vida y su vocación de entrega a los más necesitados.

Ejerció como maestra en la St. Mary’s High School de Calcuta. Sin embargo, la profunda impresión que le causó la miseria que observaba en las calles de la ciudad la movió a solicitar a Pío XII la licencia para abandonar la orden y entregarse por completo a la causa de los menesterosos.

Enérgica y decidida en sus propósitos, Santa Teresa de Calcuta pronunció por entonces el que sería el principio fundamental de su mensaje y de su acción:

“Quiero llevar el amor de Dios a los pobres más pobres;
quiero demostrarles que Dios ama el mundo y que les ama a ellos”.

En 1948 obtuvo la autorización de Roma para dedicarse al apostolado en favor de los pobres. Mientras estudiaba enfermería con las Hermanas Misioneras Médicas de Patna, abrió su primer centro de acogida de niños.

Las Misioneras de la Caridad

En 1950 adoptó la nacionalidad india y fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad. Al tiempo que su congregación, cuyas integrantes debían sumar a los votos tradicionales el de dedicarse totalmente a los necesitados, abría centros en diversas ciudades del mundo, ella atendía a miles de desheredados y moribundos sin importarle a qué religión pertenecían:

“Para nosotras no tiene la menor importancia
la fe que profesan las personas a las que prestamos asistencia.
Nuestro criterio de ayuda no son las creencias, sino la necesidad.
Jamás permitimos que alguien se aleje de nosotras sin sentirse mejor y más feliz,
pues hay en el mundo otra pobreza peor que la material:
el desprecio que los marginados reciben de la sociedad,
que es la más insoportable de las pobrezas.”

Premio Nobel de la Paz

El enorme prestigio moral que la Madre Teresa de Calcuta llevó a la Santa Sede a designarla representante ante la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas celebrada en México en 1975 con ocasión del Año Internacional de la Mujer, donde formuló su ideario basado en la acción por encima de las organizaciones. En 1979 recibió el premio Nobel de la Paz.

Consciente del respeto que inspiraba, el papa Juan Pablo II la designó en 1982 para mediar en el conflicto del Líbano, si bien su intervención se vio dificultada por la complejidad de los intereses políticos y geoestratégicos del área. Desde posiciones que algunos sectores de opinión consideraron excesivamente conservadoras, participó vivamente en el debate sobre las cuestiones más cruciales de su tiempo, a las que no fue nunca ajena.

En 1986 recibió la visita de Juan Pablo II en la Nirmal Hidray o Casa del Corazón Puro, fundada por ella y más conocida en Calcuta como la Casa del Moribundo.

En el curso de los años siguientes, aunque mantuvo su mismo dinamismo en la lucha para paliar el dolor ajeno, su salud comenzó a declinar y su corazón a debilitarse. Pocos días después de celebrar sus 87 años ingresó en la unidad de cuidados intensivos del asilo de Woodlands, en Calcuta, donde falleció.  Miles de personas de todo el mundo se congregaron en la India para despedir a la Santa de las Cloacas.

Un ejemplo inspirador de generosidad, abnegación y entrega

Seis años después de su muerte, en octubre de 2003, fue beatificada en una multitudinaria misa. A finales de 2015, el Vaticano aprobó su canonización; el 4 de septiembre de 2016, ante más de cien mil fieles congregados en la plaza de San Pedro, el papa Francisco ofició la ceremonia que elevaba a los altares a Santa Teresa de Calcuta, incorporada al santoral católico, se celebró por primera vez al día siguiente.

Cuando falleció la Madre Teresa de Calcuta, la congregación de las Misioneras de la Caridad contaba ya con más de quinientos centros en un centenar de países. Pero quizá la orden que fundó, cuyo objetivo es ayudar a “los más pobres de los pobres”, es la parte menor de su legado; la mayor fue erigirse en un ejemplo inspirador reciente, en la prueba palpable y viva de cómo la generosidad, la abnegación y la entrega a los demás también tienen sentido en tiempos modernos.

Madre Teresa de Calcuta es una Mujer Sin Hijos.

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