carmen-herreraCarmen Herrera, ha sido todo un descubrimiento en mi búsqueda de mujeres que inspiran mi caminar y muy inspirador.

Vida Personal

Es la menor de siete hermanos, hija de una de las primeras mujeres periodistas de Cuba, Carmela Nieto y Antonio Herrera López de la Torre, editor y director del diario cubano El Mundo.
A los 15 años la mandaron a Francia al Marymount College. De vuelta en Cuba estudió en un liceo e ingresó en la Escuela de Arquitectura.

Según ella, no hubiese sido tan buena arquitecta, pero le fascina la arquitectura. Parte de esta fascinación puede advertirse en sus cuadros. “El arte de Herrera tiene que ver con comunicar la pura forma”

Sus inicios

Abandonó esta carrera al casarse en 1939 con Jess Lowenthal, profesor del prestigioso instituto de secundaria Stuyvesant. Tenía 22 años. Se apuntó a las clases del Arts Students League. Herrera y su marido, que se habían conocido en Cuba, pasaron la II Guerra Mundial en Nueva York y en 1946 se trasladaron a París, donde vivieron hasta principios de los 50 donde pasa de la abstracción surrealista a algo más concreto y geométrico.

“Años muy felices, decisivos,
porque allí encontré mi voz,
donde me descubrí como pintora gracias al grupo de artistas
agrupados en torno al salón de la Realité Nouvelle.
Me fui dando cuenta de que
cuanto menos ponía en un cuadro más me gustaba”. 

Ignorada

Con la vuelta a Nueva York arrancan los años en el desierto, las décadas de trabajar silenciosa, los siglos de recibir alguna buena crítica y no vender un cuadro, cuando los galeristas, ciegos, besan las obras de otros y desprecian la suya.
En el sótano, amontonándose, decenas de cuadros, paseos por un minimalismo en blanco y negro, colores fosfóricos y círculos acrílicos como estampidos de sombra.
El hecho de ser mujer tampoco ayudó a romper su aislamiento. La pintora aún recuerda la visita de una reconocida galerista, Rose Fried, a su estudio y cómo tras alabar su trabajo le advirtió de que no trabajaría con ella por su sexo.

Ella piensa que la pintura es el arte de la soledad. Le gusta trabajar en silencio y a solas.

“Siempre tengo un problema que resolver.
Se trata de dimensiones, de aritmética.
Todo tiene sus medidas y su relación”
.

Armada con una escuadra y una regla cada día se enfrenta a sus lienzos. Durante años se preguntó qué haría con todos ellos. Sólo encontraba aliento en su esposo, que siempre le animó a continuar. Llegó un punto en el que tenía miedo hasta de regalar las obras, pero la solución a sus preocupaciones y angustias no la encontraba en la medicina sino en el arte. Sus amigas del Village iban al psiquiatra y ella en cambio, al Metropolitan.

“Vendí mi primer cuadro cuando ya tenía 90 años”.

Ha pintado todos los días sin importarle estaciones ni modas, ni el hecho de que ningún galerista se interesara por su abstracción geométrica.

“Me preguntan que porqué seguía pintando
aunque a nadie parecía interesarle.
Y supongo que es por la misma razón
que una monja se va a trabajar a una leprosería,
por vocación, porque lo necesitas, ¿no?”.

Reconocimiento mundial

Comenzó a ser reconocida cuando, durante una cena, su amigo Tony Bechara, también pintor y actualmente miembro del patronato del Museo del Barrio, se enteró en una cena de que el galerista Federico Seve buscaba a una pintora que oficiara en la abstracción geométrica para una exhibición compartida. «Tengo justo lo que necesitas», le dijo Bechara. Al día siguiente le envió varios cuadros y Seve, fascinado, llamó inmediatamente a algunas de las grandes coleccionistas de arte latino (Estrellita Brodsky, Ella Fontanals-Cisneros…).
Tras seis décadas dedicándose a la pintura, vendió su primera obra en 2004, cuando contaba 89 años de edad.

En julio de 2009, la galería IKON de Birmingham, Inglaterra, ofreció una exposición retrospectiva de su obra; exposición que se trasladó al Museo Pfalzgallerie de Kaiserslautern, del 23 de enero al 2 de mayo de 2010.
La Tate Modern de Londres y el Museo Hirshhorn de Washington han adquirido recientemente obras suyas.

“Pues cómo no voy a estar, feliz ¿no?
Vivo todo esto con mucho gusto
y sólo siento que mi marido no haya podido verlo.
Siempre me apoyó. Él se iba a clase y yo me quedaba en casa,
toda la casa para mí sola.
Así que intentaba limpiar muy rápido y después me ponía a pintar”.

“No he pintado ni por gloria, ni por dinero, lo he hecho por necesidad y porque se me da bien.”

Carmen Herrera es una Mujer Sin Hijos.

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