De la serie «Ceremonias de Sanación»

«Me cuesta tanto decir adiós. Pienso que nunca voy a ver de nuevo a la persona. Por otra parte, siempre se puede llamar o enviar un e-mail, por lo que decir adiós no debería ser tan difícil.
¿Qué hay en situaciones donde la persona realmente nunca existió? Ellos existieron sólo en mis visiones de lo que yo quería para mí, pero no en carne y hueso. Nunca nos hablamos ni nos tocamos en la vida.

Pero en mis sueños sí lo hicimos. En mis sueños, fue tan real. Los sostuve y los acuné. ¡Ellos eran tan tiernos! Algunos tenían cabello rizado, otros lo tenían liso, unos eran rubios, otros tenían el pelo color castaño. Ellos sonreían y se arrullaban… e incluso me permití soñar con sus matrimonios. Aprendieron a caminar. Estos niños de mis sueños trajeron a casa preciosos trabajos de arte de la escuela que colgué en el refrigerador. En algunos sueños, había mellizos – ¡por supuesto un varón y una niña! Así es que celebramos… ¡Guau – la gente que venía!
Estos niños existieron – parecían tan reales. Hasta que me despertaba y me daba cuenta que era un sueño. Fue un sueño recurrente por 25 años, de una forma u otra. Las particularidades podían cambiar, pero la trama básica de la historia permanecía igual: yo quedaba embarazada, pasaba por el parto, me entregaban un niño sano, y participaba en las consiguientes celebraciones.
Pero esto nunca sucedió. No quiero separarme del potencial que puede crear vida. Me siento forzada, como llenando una maleta con demasiadas cosas y apretándolas hacia adentro. Siento la presión de tener que decir adiós antes de estar preparada. No quiero dejar que los sueños se vayan. 

La última vez que sentí esta presión fue cuando mi abuelo, Z´L, falleció. Yo tan sólo tenía 17 – él nos dejó tan pronto. Yo no tenía opción; tuve que decir adiós en ese temprano día de otoño. Nunca lo volví a ver de nuevo con vida. Yo no estaba preparada – Dios se lo llevó de todos modos. Era el momento para Dios, no para mí.
Es lo mismo con este adiós. Estoy en la línea de tiempo de Dios. En Su infinita sabiduría, Él decidió que es hora de decir adiós a los hijos que nunca tendré. Él tiene un plan para mí, y tener la posibilidad biológica de crear vida no es parte de ese plan. Me está costando mucho aceptar este plan. Lo cuestiono. Lucho con él. Es doloroso vivir esta idea. Estoy triste. Estoy diciendo adiós de la manera más difícil… No voy a poder tener contacto en forma regular. No podré ni siquiera rezar por sus almas porque nunca existieron.

Pero tal vez, sólo tal vez, ellos sí existieron… en vidas previas. Tal vez, en alguna fecha futura cuando Dios revele Su Plan Maestro, voy a conocer a todas esas almas y me voy a dar cuenta que, de alguna forma, yo era capaz de crear vida. O tal vez el Plan Maestro era que yo ayudara a otros a crear vida y voy a encontrarme con esas almas que me van a reconocer como parte de su legado.

En la esperanza, hay vida. Viviendo en la esperanza, yo puedo aprender a decir adiós.»

Inspiración y extracto de texto de Foro del Zócalo del 12 de Mayo de 2009.

Siempre es mas fácil no extrañar lo que no se conoce pero en nuestro caso creo que es mas difícil decir adiós, uno extraña los hijos que nunca tuvo, verlos crecer, emocionarse con su primera palabra, las risas… Tenemos la sensación o creemos que dejando de soñar, diciendo adiós a los potenciales niños, adiós a esa parte de nuestra vida que permite que eso suceda, adiós a los sueños significa que no fuimos lo suficientemente fuertes para continuar luchando, o bien que no somos capaces de lograr algo en la vida.
Asumir que no tendremos hijos o que tendremos que optar por otras vías, significa que SI somos fuertes con la diferencia de que no «nos cegamos» con el ideal de que las cosas se den como nosotras queremos o pensamos.

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No hay remedios ni técnicas específicas, porque todas somos diferentes. Lo que a una le podría hacer sentido para la otra no lo es. Porque no se trata de que un día específico a una hora definida vamos a dejar de sufrir por que así nos lo propusimos, es un tema de tiempo, y necesitamos vivir todas las etapas del duelo para lograrlo. Pero también necesitamos poner de nuestra parte para que la espera no sea eterna.

Cuesta dejar que las cosas fluyan solas, pero se puede. Es solo cuestión de mirar a nuestro alrededor, y no únicamente mirarnos hacia adentro y sufrir por lo que no hemos logrado físicamente. El dolor pasará y eso nos ayudará a disfrutar el dormir hasta tarde, el viajar, el ir a bailar, el hacer todas esas cosas que con un niño serían mucho más difíciles o derechamente no podríamos hacer….

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Las Ceremonias de Cierre o de Sanación son de gran ayuda, pues es un duelo un poco distinto al resto. Y hay variadas formas de cerrar esas etapas con tranquilidad y conformidad y comenzar otras nuevas de todas maneras.

Desde mi corazón las abrazo a todas.
TereD.

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Mujer Sin Hijos, un aporte a la evolución de la visión femenina.

Este es un proyecto que está vivo y en constante evolución.
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Envíame un email a: mi historia@mujersinhijos.com.

 

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