Finaliza un año más y el cierre del ciclo “Plan para una Vejez sin Hijos” y me pregunto ¿Cómo quiero envejecer?
Me parece interesante que cada una reflexione sobre lo que para cada una implica envejecer sin hijos, lo que hemos logrado y lo más importante, donde estamos y donde queremos llegar.

Cada vez es más grande el número de mujeres que envejecemos sin hijos y no es sólo aquellas que nunca hemos tenido hijos; sino que incluyo a quienes se han distanciado de sus hijos o viven muy lejos de ellos.
Envejecer ya es un gran tema, pero envejecer sin hijos plantea cuestiones muy difíciles para todas nosotras. Muchas personas con hijos no desean que sus hijos cuiden de ellos en la vejez. Pero cuando se les pregunta “¿y qué planes tienes para asegurar que tus hijos no tengan que cuidarte?” para ellas también la respuesta se vuelve difícil.

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Nadie quiere ser un estorbo, pero hay una gran brecha entre lo que las personas dicen que quieren en la ancianidad y lo que sucede realmente. Existe el tema de los recursos pero pareciera que es más que eso.

Una gran parte del problema es la discriminación que impregna nuestra sociedad. Envejecer todavía se presenta como una cosa de temer y debe evitarse. La representación de las personas mayores en los medios de comunicación es casi tan pobre como la de las Mujeres sin Hijos. La verdad es que la invisibilidad de las Mujeres Sin Hijos es mayor aún.
La vejez se ve como algo que podemos evitar si hacemos mucho ejercicio, usamos lociones adecuadas y comemos alimentos adecuados. ¡Pero es imposible! Todas nosotras, si tenemos suerte, vamos a envejecer. Sin embargo, dada la avanzada edad a la que estamos llegando las mujeres, no es de extrañar que nadie quiera pensar o planificar para eso. Finalmente volvemos a cerrar los ojos a lo que no deseamos enfrentar.

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La pérdida de contacto inter-generacional sobre todo cuando jubilamos es importante. Para muchas, el trabajo es el lugar donde inter-actúamos con gente de una gran gama de edades y nos preocupa lo que va a suceder cuando ya no se trabaje y no se interactúe.
Envejecer sin hijos o sin pareja no significa que una está condenada – al igual que envejecer teniendo hijos y pareja no significa que todo está claro. Todas estamos en riesgo de terminar aisladas. Las consecuencias son profundas. Los adultos mayores que se consideran solos son más propensos a tener problemas para completar las tareas diarias, experimentar declive cognitivo,  desarrollo de enfermedades coronarias e incluso morir. Los que están aislados socialmente también están en riesgo de complicaciones médicas, enfermedades mentales, problemas de movilidad y los problemas de acceso a atención médica.
No hay forma de evitar las caídas físicas y mentales naturales que vienen con la edad por lo que “es de vital importancia prepararnos para vivir lo más independientemente posible”.

¿Cómo quereos envejecer?

1. Crear una red de apoyo

Hablar más con nuestros amigos y familia acerca de lo que significa ser una Mujer Sin Hijos. Discutimos nuestros problemas psicológicos con profesionales. Discutimos nuestras estrategias de dinero con expertos financieros, ¿Por qué no hablar abiertamente acerca de las preocupaciones de la familia y lo que significa tener o no tener hijos?
Hacer nuevos amigos y mantenerlos no sólo para ayudar con necesidades de atención médica prácticas sino también porque los amigos nos mantienen con vida, ayudan a prevenir la depresión, y a estar conectadas.

2. Planificación patrimonial

Qué tan temprano comencemos a planear para nuestra salud futura depende en parte de nuestra condición actual y nuestros genes. Si los miembros de nuestra familia mueren temprano, necesitamos planificar más prontamente y más rápido.
Pero si nuestra familia de longeva o tiene ciclos de vida medianos, nunca es demasiado pronto para ahorrar para el futuro, ya sea mediante la inversión en una casa, ahorrando algo para emergencias médicas, etc. Todo el mundo quiere algo de control en su vida. Si no pensamos en lo que deseamos hacer con nuestro futuro es ceder el control a otra persona que no siempre podrá velar por lo mejor para nosotras.

3. Nombrar un albacea

Identificar a alguien para ayudarnos si estamos en un momento de crisis. Un amigo de confianza o familiar. Asegurémonos de que esa persona conozca toda la lista de cosas que alguien necesita para saber si va a ayudarnos.
Antes de empezar a perder nuestras capacidades cognitivas, considerar la designación de esa persona con un poder notarial para el cuidado de nuestra salud, o que tome las decisiones de atención médica por nosotras cuando ya no seamos capaces.
Si no tenemos a nadie, contratar a un abogado especialista en ley sobre cuidado de ancianos, bien recomendado. A diferencia de los familiares o amigos, están bien versados ​​en cuestiones legales.

4. Vivir en comunidad.

Trasladarse quizás a una ciudad más amigable, donde no dependamos del transporte. Una comunidad donde vivan otros adultos mayores de ideas afines que puedan cuidarse unos otros, donde no estemos aisladas.
¿Dónde es más fácil vivir? ¿Cómo acceder a las cosas? ¿Cómo se tiene un sistema de apoyo?

5. Vivir bien para mantener nuestra salud.

Comer alimentos saludables y caminar – dos maneras de mantenerse lo más saludable posible en todas las edades. Mantener el cerebro activo también es fundamental si se queremos ser capaces de tomar decisiones informadas sobre nuestra atención médica. Hacer actividades que nos desafían como problemas matemáticos o crucigramas. El viejo adagio: “Si no lo usas, lo pierdes”, es 100 por ciento correcto.
Mantener actividades sociales. Cuantos más amigos mejor. Mantener nuestro cuerpo y mente activa es la mejor protección que tienes contra la enfermedad mental.»

Para finalizar, un poco de práctica luego de tanta información no viene nada de mal e ir ordenando un poco el futuro y con esto termina la serie de “Plan para una Vejez sin Hijos”. En mi caso, una parte de esto ya lo tengo logrado pero nos servirá de guía para revisarlo cada cierto tiempo.

Esta es una pauta básica para tener una constancia de las decisiones tomadas en un momento dado de nuestra vida y como registro de nuestro estado personal. Podrá ser revisada cada 2, 5 o 10 años y nos permitirá ir anotando los resultados y organizar nuevos  pasos a seguir.

Ojo que no es necesario volverse loca con esto ni abrumarse, es solo para ordenarnos.

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