futuro

He vivido dos vidas. Una en la que he esperado ser madre y la otra en la que ya tengo mi familia. He dedicado tanto tiempo a conseguir una familia que no le he dedicado suficiente tiempo a la vida que efectivamente vivo. He vivido años en una especie de transición, en trabajos de “por mientras” que terminan siendo eternos, sin definirme por otras inquietudes para estar a la espera de mi vida anhelada.

El Budismo dice que la raíz de todos nuestros sufrimientos es el deseo.

Quedarme pegada en mis sueños no cumplidos demanda mucha energía. Energía que podría utilizar en crear una vida quizás mucho mejor en modo en el que actualmente vivo.

En mis fantasías fui madre, tenía un marido que me amaba, nos llevábamos regio y éramos en extremo feliz. Pero sabemos que en los sueños uno nunca tiene problemas y todo se resuelve bien. Es necesario desmitificar ciertos mitos, finalmente son sólo fantasías.

dejar ir

La Familia Feliz

Muchas de nosotras no sólo anhelamos un bebe sano sino que también una familia. Queremos ser parte de algo más grande que nosotras mismas. Deseamos el amor incondicional de un niño, una pareja y más hijos.

¿Pero cuántas familias perfectas conozco? ¿Fue acaso mi familia perfecta? Así como familia de Disney. Para nada. Es posible que nuestra necesidad de tener una familia haya sido en parte guiada por las cosas positivas o negativas que vivimos en la niñez, compensando nuestros deseos insatisfechos de niña.

La Madre Perfecta

Cada una tiene una idea de cómo habría sido como madre perfecta. Yo habría sido una mujer que abraza a sus hijos, que no se enoja, de una paciencia infinita, que satisface todas las necesidades de sus hijos y que además es exitosa en su vida profesional.

Conociéndome como me conozco, me es difícil abrazar, soy impaciente, demuestro amor dando comida por lo que lo más probable es que mis hijos hubiesen sido obesos y ni hablar de tener tiempo como  para tener una carrera exitosa. Es cosa de mirar a todas nuestras amigas madres y de las dificultades que presentan sus vidas.

El Hijo Perfecto

Nuestros hijos soñados son siempre sanos, amables, adolescentes perfectos. Son una versión de hijos perfectos, una extensión de nosotras mismas o de nuestra pareja.

Obviamente no podemos saber que tan sanos habrían sido nuestros hijos. Lo más probable es que fueran adictos a la televisión, a los juegos de computación, con adolescencias difíciles – tal como fui yo- y ni hablar de  algún problemas de salud.

el sueño

¿Pero cómo dejar ir mis sueños? Cuesta re-pensar mi vida si me he identificado con esta especie de victimización de no ser madre.

Quizás algunas de nosotras nunca dudaron acerca de querer ser madres pero puede suceder también que, como yo,  a veces no estamos seguras de sí tener o no hijos y dejamos pasar el tiempo esperando que la vida decida por nosotros y cuando esto sucede no nos sentimos preparadas para vivir sin nuestros sueños.

Ya no hay vuelta atrás, no se puede cambiar de opinión y en esta ambivalencia es que encontramos las semillas de nuestra recuperación, porque nos damos cuenta que hay otras posibilidades en la vida además de ser madre.

Si analizo mis sueños de pequeña del post anterior la verdad la mayoría fueron de irme de aventuras más que de tener hijos  y familia.

ritualLOS RITUALES

Me gusta escribir y los rituales han estado presentes en mi vida desde que descubrí cuán poderosos son. Los rituales nos sirven para poner un cierre, para evaluar y hacer un análisis. Actúan como puente y transición entre etapas. Estos cobran más importancia en ciertas épocas de nuestras vidas, especialmente cuando necesitamos cerrar ciclos.

Para seguir adelante necesariamente debo dejar ir mis sueños. Es el momento de realizar mi ritual de cierre. En este caso específico tomaré las cosas que he tenido guardadas por años como ropitas, algina joya, cartas escritas a mi futuro hijo que he atesorado esperando el momento del nacimiento y dejarlos ir. Es el momento de regalárselo a alguien que lo necesite por ejemplo.

Mi ritual consistió en  escribir una carta a una amiga. Una que no he visto desde pequeña en las que le describo con lujo de detalles mi vida soñada,  pareja,  hijos, mis éxitos y dificultades. Lo más difícil fue cuando quemé cartas escritas en mis días de añoranzas. Cartas donde le escribía a mi bebé y le preguntaba por qué no quería llegar.

Este ejercicio me conmovió, en un principio pensé que no me iba a conectar. En un inicio escribí solo una página pero de pronto no podía parar de escribir. Y es que la descripción de mi familia soñada fue muy detallada, sin darme cuenta comencé a  incluir además otros sueños no realizados  de cosas que quise hacer y vidas que quise vivir y que han marcado también mi camino. El modo en que me relacionaba con mi pareja, como era él. Fue una carta hermosa.

Pero lo más bello de todo, es algo que nunca hice: ponerle nombre a mi hija. Nunca me atreví a ponerle un nombre mientras no supiera que estaba conmigo. En mi vida soñada solo tuve una hija más nunca pensé en un nombre.

Mientras escribía vino a mí un nombre que cuando lo menciono veo las características de la niña que quise tener.

Hice mi ritual sola, en la oscuridad y el silencio de la noche, quemé mi carta agradeciendo la oportunidad de poder cerrar ciclos en presencia de la virgen María, pidiendo sanación y liberación. Mis lágrimas acompañaban una sola palabra que salía de mi boca. Su nombre.

Muy bello, me siento agradecida y conmovida.

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