mi historia termina conmigo

Nunca seré madre.
Nunca seré abuela.
Soy una mujer sin hijos.

Millones de años de maravillosas combinaciones genéticas que me crearon terminan aquí, conmigo.
Cuando muera moriré mucho más que los que saben que continuarán viviendo en sus hijos.
Nunca tendré mi propia familia, no veré a mis hijos crecer, no celebraré sus cumpleaños.
No tendré la oportunidad de sanar mis heridas de niña haciendo las cosas de un modo diferente con mis hijos e hijas.

Nunca le daré nietos a mis padres, ni seré la madre de los hijos de mi pareja. No ocuparé ese preciado lugar en su corazón.
No me pararé  junto a mi hermano y hermana viendo juntos como nuestros niños juegan y crecen.
No seré parte de la comunidad de madres y nunca seré considerada una mujer real por nuestra sociedad. No soy una verdadera mujer. Estoy a un lado. He fracasado…

Y cuando muera, no habrá nadie quien traspase los aprendizajes de mi vida a la siguiente generación. Mi historia termina conmigo.

Y esto me produce un dolor muy grande del que nunca he hablado y es también una demostración de mi propio coraje y fuerza. Porque la pérdida de mis posibles hijos ha sido invisible. Y la sociedad yerra en reconocer mi duelo y el de tantas otras que como yo, vivimos el dolor de la «infertilidad por circunstancias».

Y los que nos rodean no tienen la menor idea de la profundidad de este dolor.
No hay empatía porque no se ve.
No hay contención porque no se entiende, ni siquiera por una misma.

Me avergüenza…
Y busco incansablemente ser aceptada por los demás. Bloqueo mi dolor con actos como comer demasiado o aislándome. Y trato y se espera de mi, que siga adelante. Que me limpie el polvo de la cara y siga adelante. Pero no es así. No se trata de «ya supéralo».
Hoy se trata de sanar alrededor de la pérdida hasta integrar esa pérdida a mi identidad.
Es una muerte sicológica y muy profunda. Enfrentarla y sanarla me cambiará para siempre.

Haré las paces con mi destino.

No significa que me sentiré a gusto. Simplemente es lo que es.
No significa que no me apena el cómo han salido las cosas, pero dejaré de luchar, dejaré de culparme.
Lo aceptaré. Me aceptaré.
Me perdonaré y perdonaré a los otros partícipes de este drama en mi vida.
No significa que ya no me sentiré triste, pero esa energía retenida, bloqueada en mi duelo, se volverá disponible para mi nuevamente para dedicarla a construir mi nuevo futuro.

Mi pasado y todas las vueltas de mi vida, los giros del destino, decisiones tomadas cuando era pequeña y no examinadas o dadas como verdaderas o absolutas sin ser examinadas hasta ahora, complicaciones biológicas, pérdidas de tiempo y malentendidos que me han llevado a no tener hijos se tornarán menos importantes.

Hoy comienzo a pensar en qué es lo que haré en vez de cómo habría sido si hubiese tenido hijos.

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Mujer Sin Hijos, un aporte a la evolución de la visión femenina.

Este es un proyecto que está vivo y en constante evolución.
Si quieres colaborar o tienes una idea que sume, estaré encantada de escucharla.
Envíame un email a: mi historia@mujersinhijos.com.

 

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