katherine-hepburnKatherine Houghton Hepburn una de las grandes mujeres que inspiran mi caminar. Fue una actriz estadounidense, la única en ganar cuatro premios Óscar y una de las más nominadas con doce candidaturas. Célebre por la combinación única de talento, belleza distinguida y espíritu independiente.

Según la lista del American Film Institute (AFI), está considerada la primera estrella femenina más importante de los primeros cien años del cine norteamericano, por delante de Bette Davis (Nº2), Audrey Hepburn (Nº3), Ingrid Bergman (Nº4), Greta Garbo (Nº5), Marilyn Monroe (Nº6), Elizabeth Taylor (N°7), Judy Garland (N°8), Marlene Dietrich (N°9) y Joan Crawford (N°10).

Pertenecía a una familia descendiente de los colonos del Mayflower y hasta tenía sangre real en sus venas (James Hepburn, IV conde de Bothwell). Su padre era ginecólogo y fue el que la educó. Su madre, Katharine Houghton, era una decidida sufragista muy activa en su comunidad y que luchó por el reconocimiento de las prostitutas. Se crió en un ambiente libre y tolerante, lo cual marcaría su carácter. Practicó desde muy pequeña muchos deportes y, según cuenta en su autobiografía, un verano se cortó el pelo y se hizo llamar Jimmy. Según se define ella misma, fue un «marimacho».

Inició sus estudios de Filosofía en el Bryn Mawr College, lugar donde comenzó sus actuaciones teatrales. Cuando los terminó en 1928 decidió dedicarse de lleno a la interpretación. Tuvo pequeños papeles en obras como La Zarina donde hizo un reemplazo y viajó a Nueva York, donde tomó clases de dicción con la antigua cantante Frances Robinson Duff. En 1932 tuvo un enorme éxito con la obra teatral The warrior’s husband, una fábula griega. Ese mismo año fue requerida por el cine y protagonizó para la RKO la película Doble sacrificio, junto a John Barrymore, dirigida por quien llegaría a ser uno de sus más íntimos amigos, George Cukor.

En 1959, Hepburn realiza el papel más iconoclasta de su carrera, el de Violet Venable en «De repente, el último verano» de Tennessee Williams, junto a Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, y por el cual es aclamada por la crítica.

A partir de ahí, se especializa en adaptaciones cinematográficas de obras teatrales, como Larga jornada hacia la noche de Eugene O’Neill, en la que interpreta con maestría a una morfinómana metida en una familia rota y por la que gana el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes.

En 1969 Hepburn realiza uno de sus papeles más recordados en el teatro. Protagoniza Coco, musical de gran éxito inspirado en la vida de la diseñadora de moda Coco Chanel. Hepburn grabó un álbum con las canciones del musical que vendió numerosas copias.

Casada con Ludlow Ogden Smith, se divorció de él en la década de los 30 y mantiene relaciones con John Ford, que la dirigió en María Estuardo, con su agente Leland Hayward y con el magnate Howard Hughes mantiene una relación amistad-amante.

En 1942 conoce a Spencer Tracy, del que no se separaría hasta su muerte en 1967. Hepburn y Tracy mantuvieron esta duradera relación sin casarse, pues Tracy, que era católico, no quiso separarse nunca de su esposa.

Hepburn se despidió del cine en 1994, ya octogenaria, para retirarse a su casa de campo, en Old Saybrook, Connecticut, donde la acompañaban habitualmente familiares y amigos, además de su biógrafo, Scott Berg, que la visitaba los fines de semana y concluyó allí veinte años de entrevistas que dieron forma a un libro, Kate remembered (2003), que, conforme a lo pactado, publicó tras la muerte de la actriz.  Aunque muchos dijeron que Hepburn padecía la enfermedad de Parkinson, ella siempre lo negó diciendo que era una herencia de su abuelo, al que también le temblaban las articulaciones y la cabeza, en verdad de lo que padecía era de temblor esencial benigno. 

Un mito humano

“Hay mujeres, y además está Kate. Hay actrices, y además está Hepburn”, dijo de ella Frank Capra cuando la dirigía en El estado de la Unión (1948), uno de los títulos que reafirmó la química perfecta de la actriz con Spencer Tracy. 

Era de una enorme generosidad con sus compañeros gracias a un dominio de sus posibilidades que le permitía, sin traicionar ni un ápice su estilo, una inmediata adaptación que hacía las delicias de sus directores. Luego estaba su porte singular (su altura, el cuello largo, los pómulos altos, las facciones angulosas…), un tipo de belleza que ha perdurado en el tiempo ajeno a cánones y modas. El resto era aplomo, seguridad en sí misma y mucho talento. En la vida real era todo un carácter, y hasta más allá de los noventa años conservó una energía y una lucidez que no lograron apagar los temblores que le producía la enfermedad de Parkinson que padecía desde hacía tiempo.

Katherine Hepburn es una Mujer Sin Hijos.

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