Mujeres que inspiran mi caminar – Rosita Renard

Rosa Amelia Renard Artigas, hija de José Renard Rosa y de Carmen Rosa Artigas Blanco, ambos instruidos y dueños de una amplia cultura, fue una destacada pianista chilena. A los pocos años de haber nacido Rosita su padre abandonó el hogar, debiendo la madre asumir el cuidado y educación de los tres hijos. A los cuatro años tocaba el piano sola, con tal destreza y habilidad que su madre decidió matricularla en el Conservatorio Nacional de Música en 1902.

Tenía quince años cuando se presentó en público por primera vez, debut que la hizo merecedora de una beca del gobierno de Pedro Montt para perfeccionarse en Berlín.  Viajó en junio de 1910 a Berlín, donde ingresó al Conservatorio Stern como alumna del célebre Martin Krause -quien también fue preceptor del  pianista chileno Claudio Arrau- y quien la definió como una mujer “genial e inteligente, grandiosamente dotada”
Tiempo después, cuando el Gobierno de Chile le suspendió la beca sin explicación, fue el propio Krause quien la inscribió como alumna honoraria. Se le concedió, “en atención a su sobresaliente desempeño como pianista”, el diploma de honor al mejor alumno del Conservatorio, galardón que no se había entregado sino en una sola ocasión antes de ella. Poco tiempo más tarde, se graduó como intérprete en piano. Además, se hizo acreedora del premio Liszt y de la beca Mendelsohn.

Los adelantos manifestados por la talentosa intérprete colmaron a tal punto las expectativas de Krause, que la autorizó a presentarse en tres ocasiones en Berlín recibiendo el elogio de la prensa europea: “Ha sido revelado un nuevo y extraordinario talento pianístico”, pero tuvo que volver a Chile, ya que su madre no quería estar en Europa en medio de la Primera Guerra Mundial.

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A comienzos de los años 20 fue invitada a tocar a Nueva York, pero su mamá no le dio permiso para viajar sola. Cansada de la dominante tutela materna, Rosita decidió fugarse. Ya tenía 31 años de edad. En Estados Unidos conoció a Otto Stern, se casaron años después, no tuvieron descendencia. 

En 1930 volvieron juntos a Chile al ser contratada por la recién fundada Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. La Segunda Guerra Mundial significó para Chile la residencia provisoria de gran cantidad de músicos europeos; uno de ellos, el director de orquesta austriaco Erich Kleiber, había oído comentarios relativos a la fama de Rosita y quiso incorporarla a su conjunto para tocar un concierto de Mozart. El prolongado lapso en que Rosita no había actuado en público, hizo dudar momentáneamente a Kleiber, pero luego de asistir a una audición de Rosita su determinación se robusteció: “No, señora, en Chile no, en el mundo entero tendrá que interpretar usted los conciertos de Mozart conmigo y hasta que no lo logre no me marcharé de Santiago de Chile”, fue la sentencia que pronunció con firmeza el maestro Kleiber.

La pianista emprendió un gira de conciertos por Sudamérica, donde cosechó triunfos. Kleiber, debiendo luchar contra la extremada humildad de la intérprete chilena, que se traducía en rotundas negativas a continuar efectuando recitales, consiguió que viajara a Nueva York y accediera a presentarse el 19 de enero de 1949 en el Carnegie Hall, donde obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera.

Su carrera estaba en su apogeo y tenía contratados numerosos conciertos en las salas más prestigiosas del mundo. Debía tocar con la Orquesta de la NBC, en Viena, Bruselas, Zúrich, Londres y París, sin embargo una encefalitis letárgica la postró y la llevó a la muerte. Falleció en la Clínica Santa María, Santiago, el 24 de mayo de 1949.

Para muchos, su muerte significó el truncamiento prematuro de una brillante carrera como intérprete. La madurez y seguridad de su interpretación, unidas a una excelente y promisoria crítica de importantes personalidades, indicaban que tal vez habría opacado a su más aventajado condiscípulo, Claudio Arrau.

Rosita Renard donó su fortuna personal, constituida por su parcela «Diolufay», ubicada en Pirque, a la «Fundación Rosita Renard», protectora de los ancianos, hoy hogar de ancianos de Nos.

Rosita Renard es una Mujer Sin Hijos.

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