la-fuenteTantos años viviendo una vida que no fue me ha dejado con una sensación de que nada vale la pena. Me mantengo ocupada, tan ocupada en la oficina o encontrando nuevas cosas por hacer y que luego me aburren que finalmente no avanzo en nada con mi vida. Comienzo algo me entretiene un rato, pierdo el interés y luego lo dejo a un lado. Y me quedo con proyectos a medias, un montón de libros y apuntes, sin mucha vida social lo que no es tan malo ya que me siento como un estropajo.

Y no se ve muy bonito estar donde estoy, pero es el lugar en el que me he metido y de donde saldré.

Llevo años existiendo no viviendo, y bueno, sé que ha llegado el momento, me prometí llegar a los cincuenta sanando temas pendientes y en eso estoy. Parte de esa sanación es este blog.

No creo que vaya a ser fácil, no hay cambio fácil. Después de todo mi vida se ha vuelto confortable y este status quo me queda cómodo pero al mismo tiempo me siento demasiado aburrida y mis temores, mis grandes dragones aun no los  he podido vencer. Una de las razones por las cuales duele tanto perder algo o alguien es que nuestro ego lo experimenta como un ataque a nuestra identidad, una identidad que aunque ya no me acomode, es con la que he vivido todos estos años. Es decir mujer sin hijos, desorientada, fracasada, sin pertenecer a ninguna tribu. Puede ser que no me vea como tal pero en el fondo de mi corazón debo reconocer que así es como me siento. He estado dando bastonazos de ciego en constante búsqueda de un camino, llena de temores.

Comenzar a recordar poco a poco.

Recordar quién fui antes de que me involucrara en el mundo de ser para los demás lo que ellos quieran de mí, la maternidad, la sociedad se volvieran tan importantes.

Hubo un tiempo en que soñaba sin temor y deseaba más cosas que sólo tener una familia y que todos me quisieran y un trabajo estable.

Encontrando una razón para vivir.

Víctor Frankl en su libro “El hombre en Busca de Sentido” habla de que todas tenemos la posibilidad de decidir, en cualquier situación, cómo nos vamos a sentir al respecto de ella. A decidir  qué sentido o significado le damos a lo que nos suceda. Que necesitamos un ¿por qué?… y yo creo que también un ¿para qué?

Nadie puede decirnos qué y cuál es el sentido de nuestra vida, es una búsqueda personal. Crear una vida con sentido es un regalo para nosotras mismas como para quienes nos rodean.

“Cuando conocemos a alguien que ha aprendido a hacer cantar su alma, nuestra alma canta también”.

Después de tantos años de vivir a mi identidad de una mujer sin hijos, vieja, fracasada, sin familia, hijos ni carrera me siento agotada, vacía, físicamente deteriorada.

Volver a sentir.

¿Cómo me sentía y que cosas hacía cuando tenía 5 años?

¿Cómo me sentía y que cosas hacía cuando tenía 10 años?

¿Cómo me sentía y que cosas hacía cuando tenía 15 años?

Sentada en mi terraza, al atardecer de este día de otoño, vuelvo a mi infancia. Me encuentro con todas las versiones de mi misma, mis vidas anteriores.

Puedo ver a esa niña tímida, que temía que la miraran y ser rechazada. La que aprendió a hacer cosas por los demás para sentirse amada, algo que está profundamente radicado en mí y de lo que he de estar continuamente alerta para decidir si lo que hago es porque lo deseo o porque quiero ser aceptada.

La niña que no le interesaba ser mamá, ni las cosas relacionadas con la casa, cocina, decoración, etc. Ni la moda, tener una familia, ni el maquillaje, ni jugó a las muñecas. La niña que soñaba con ser aventurera…

La niña que amaba la naturaleza, que jugaba con cuncunas, choclos, caballos y con su hermano correteando por ahí. Armaba mecanos, hacía origami, dibujaba y contemplaba la naturaleza. La que quería ser hombre aun cuando su energía femenina era muy marcada y que poco a poco se fue amigando con lo femenino. La que devoraba en la televisión series de animales como Daktari, La Leona de Dos Mundos, y Las Aventuras Submarinas de Jaques Cousteau. La que no tenía amigas y que sola aprendió a encontrarse con su ser femenino.

La que destacó en el colegio además de sus estudios por ser deportista. La que quiso estudiar veterinaria para irse a trabajar a África, pero que tuvo un fracaso en los estudios del que no supo ni pudo recuperarse cortando de lleno sus sueños aventureros. Lo que le quedó muy presente fue ese temor al fracaso.

Toma coraje comenzar a revisar mis vidas e imaginar un nuevo futuro, en el fondo me siento aterrorizada de fracasar nuevamente, de sentirme ridícula. Me apena ver los caminos truncados y constatar cuán lejos estoy de mi verdadero ser y los desvíos que he tomado. Por otro lado siento alegría de ver las cosas en que me he superado.

En este nuevo comienzo decido verme como una mujer de cincuenta años, con un mundo de experiencias, tiempo y dinero para ser y hacer lo que desea.

Esta semana voy realizar algo que amaba hacer cuando pequeña y volver a sentir qué me apasionaba de ello.

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